¡Cuídate, cuidando las palabras!

Cómo usas las palabras, determina  actitudes, creencias y tendencias.

El otro día hablaba con una amiga de cómo hablamos en el día a día. Sin darnos cuenta, nuestro vocabulario se llena de palabras que muchas veces son poco coherentes con actitudes positivas o pueden confundir.

Le decía que es muy importante que escuches cómo te hablas a ti y como hablas a los demás, porque nuestra mente inconsciente es la que se queda con el “siempre me sale mal” (mejor utilizar, a veces) o con el “esto es un gran problema” (usa reto, oportunidad). Me gusta este vestido pero (cámbialo por la y) la camisa también, con el pero excluyes la primera frase con la y  la incluyes.

Lo más importante de todo es que: “la única manera de cambiar, en cambiándote a ti mismo.

Todo lo que hay fuera de ti, es como tú lo percibes: Como tú ves las cosas, es como las haces.

“Esto no me va a salir bien”, seguro que no sale o dejas de intentarlo puesto que ya te pones en lo peor. Es mejor decir: “voy a hacerlo” que es darse opción a que salga como sea. Esto es lo que se llama ser “CAUSA” o ser “EFECTO”. Te lo diré con una frase “es mejor, hacer que lamentar” Por ejemplo: Si haces algo, puede salir bien, muy bien y estar contenta, o menos bien, a medias o mal. En cualquier caso todas son opciones.

Lo bueno es que puedes volver a intentarlo cuantas veces  quieras hasta que sea satisfactorio. En cambio si ya dices que no te va a salir bien, ya lo cierras directamente, tu cabeza está interpretando que no es posible. La idea es tener opciones, mejor que no tenerlas. Además ¿Quién te ha dicho y asegurado al 100% que no te va a salir bien?

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Las palabras tienen mucha fuerza y a veces no nos damos cuenta de cómo hablamos a los demás. Por ejemplo, tu hijo tira algo que está en la mesa sin darse cuenta porque está jugando. Tú vas y le gritas nerviosa: ¿qué te pasa, eres tonto o qué?

No te das cuenta de que tu hijo escucha,  te oye decirle que tú crees que él es tonto. Si se lo dices continuamente acabara por créeselo.

El, no es tonto, puede estar en ese momento distraído, nada más. Es más sencillo decirle sin gritar: Ten un poco de cuidado o no pasa nada, puedes jugar allí que tienes más espacio.

Otra cosa es cuando nos hablamos a nosotros mismos, cómo nos tratamos algunas veces.

Por ejemplo: nos equivocamos o no acertamos o se nos cae algo y nos oímos decirnos: ¡Es que no puedes hacer nada bien!

¡Olé, es como si nos hubiéramos  dado con una piedra sobre nuestra propia cabeza!

Nos acabamos de decir a nosotros mismos “que no somos capaces de hacer nada bien” y seguimos con lo que estábamos haciendo, tan panchos.

¡No nos damos cuenta de que nos estamos creando una limitación, que nos estamos auto saboteando! Hay que quererse más y cuidarse uno más. Si se te cae,  se te cae y no pasa nada, no por eso hemos de creer, ni decir, que no sabemos hacer las cosas.

 

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Es como cuando le dices a tu hija: No hagas esto por favor, te he dicho que molesta.

Ella te contesta: ¡es que todo el mundo lo hace! ¿A que lo has oído montones de veces?

Fíjate bien, que palabras está usando: todo y mundo. ¿Tú crees que todo, todo y  todo el mundo, mundial con millones y millones de personas lo hace? ¿Quién es que lo hace? Cuantos lo hacen? ¿Y tú los has visto hacerlo a todos estos? ¡Va a ser que no!

En todo caso lo harán algunas  personas mal educadas, poco cívicas o que les gusta molestar. Hemos de reflexionar sobre las palabras que utilizamos ya que configuran nuestras creencias y ejercen realmente un impacto una influencia en nuestras acciones.

Las palabras forman el hilo con el que tejemos nuestras experiencias” nos escribió Aldous Huxley

 

Hemos de pensar lo que decimos, y decir de forma eficiente y positiva lo que pensamos y queremos expresar. Empecemos a darnos cuenta como hablamos a los demás y a nosotros mismos. ¿Cuáles son las palabras que usamos? Y ¿cómo las utilizamos?

Cuando hacemos una pregunta, estamos construyendo una frase. Un cambio de palabra puede cambiar toda la pregunta, incluso puede hacernos cambiar de sentimientos. Está claro que no es lo mismo ¿Qué has experimentado hoy? Que puede referirse a, que has hecho o que has aprendido. Que si dices ¿Qué has sentido hoy? Que te lleva más a sentimientos y emociones que a acciones.

Las herramientas básicas para representarnos las cosas son las palabras. Si no tenemos palabras posiblemente no tenemos una forma de pensar en la experiencia, a parte de las imágenes. De hecho hay una tribu en Filipinas que no tiene palabras para “disgusto”, “odio” o “guerra. ¡Resulta sensacional!

Esto me hace pensar que si utilizamos unas palabras en lugar de otras para expresar nuestros sentimientos, al cambiar de palabra consecuentemente cambiamos nuestro concepto y de ahí el sentimiento que nos produce. Por ejemplo si dices que te sientes malhumorado, como que suena a estar enfadado, que no estás para nada. Sin embargo si dices que te sientes con pocas ganas, seguro que tu humor no es tan malo y te sientes mejor.

 

 

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Prestando un poco de atención, aprendiendo a cambiarlas nosotros y enseñando a nuestro entorno podemos empezar a cambiar posibles creencias o hacer que nos sintamos diferentes.

¿Cómo sería si pudiéramos cambiar algunas palabras que generan emociones negativas por otras que tienen menos carga emocional y son más recursivas? ¿No sería mejor disminuir la intensidad de las emociones negativas para sentirnos mejor? Pregúntate ¿cuáles son los sentimientos negativos que suelo experimentar de forma más intensa?

Puedes cambiar las palabras para sentir ese cambio en tus sentimientos, probemos a ver qué sucede. Busca una palabra que puedas cambiar por ejemplo: encrespado o irritado por molesto; incómodo en lugar de doloroso, me siento sin recursos en lugar de me siento estúpido, un poco preocupado a cambio de ansioso.

Lo mismo podemos hacer con las palabras más recursivas, cosa que ya hacemos muchas veces cuando utilizamos, decimos estoy como un turbo en lugar de decir estoy enérgica o bien me siento estupenda cuando quiero decir exuberante. Subimos o bajamos la intensidad.

¿Cómo puede cambiar nuestra vida si escogemos las palabras que son menos negativas y más potenciadoras?

Busca palabras que utilices y cambiarlas por otras menos duras, veras el efecto. Puedes incluso crear una lista con esas palabas y otra con algunas mas porenciadoras.

Cuando te sientas mal busca tu lista y cambia de palabra y date cuanta de que es lo que sientes con el cambio. Si te acostumbras verás que es divertido y que mejorarás tu actitud.

 

Cristina Galofre


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