Posponer/ Procrastinar: ¿Hasta cuándo atascada en el miedo?

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Las personas suelen posponer o procrastinar (que es lo mismo) continuamente. Lo hacemos por inseguridad y por miedo.

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Si tú eres de las que posponen y dejan las cosas para otro rato, mejor lee hasta el final, esto es para ti.

Seguro que tienes ganas de lograr lo que te propones y procrastinar puede convertirse en un hábito que no te ayuda.

Son los obstáculos con los que te vas enredando lo que hace que lo vayas dejando para mas tarde.

¿Cuáles son las razones para posponemos?

  • Puede ser por inseguridad, al empezar algo nuevo, al sentirte incómoda pensando en que puede que no consigas hacerlo… Las cosas que no te gustan y te cuestan las dejas para más tarde. ¡Cuidado con las creencias que te limitan!
  • El dejar las cosas para más adelante te crea un círculo vicioso entre culpa y ansiedad y acaba por generarte más ansiedad.
  • Esto te provoca la sensación de que no hay consecuencias negativas por el momento, parece que todo va bien. El problema es que sin duda pagarás mas tarde por ello.
  • Tienes miedo. El miedo paraliza y hace que dejemos para después las tareas más importantes y te dediques a hacer las que son más «fáciles» y «seguras». Además te buscas la excusa de «luego encontraré el momento idóneo para hacerlo». Al final llega el momento y no hemos ni empezado.

¿Cuáles son las consecuencias de posponer?

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¡Deja ya de posponer!

  1. Te genera sensación de culpa, de frustración y te llena de remordimientos.
  2. Tu estado de ánimo desciende y  tu autoestima se resiente.
  3. Puede afectar a tu salud.
  4. Después tendrás que ir con prisas, lamentándote y entregando los trabajos mal hechos.
  5. También estás perdiendo oportunidades.
  6. Puedes llegar a no cumplir plazos de entrega.
  7. Así mismo tus compañeros o tus jefes te tendrán en peor consideración.

¡Tienes que pensar en lo prioritario! Seguro que  te va a ayudar a darle un empujón a tu trabajo. Aprende a meterte en ello sin miedo y sin inseguridades en lugar de hacerlo corriendo y mal.

¿Cómo conseguir no procrastinar?

  • Una forma de conseguir no posponer es organizándote. Destínale un tiempo concreto haciendo un hueco en la agenda. Organizar tu tiempo va a ser importante para que puedas hacer lo que te propongas, sobretodo si te «cuesta».
  • Cuándo estés en ese momento relájate, piensa que tendrás que hacerlo de todas maneras. Mejor hacerlo en el momento que has destinado a ello y así ya está hecho. No importa si es perfecto, siempre puedes repasarlo una vez terminado.

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    El orden ayuda a no posponer

  • Pensar que no sabes o no puedes afrontarlo no es una opción. A eso se le llama esconderse detrás de las excusas. Si no sabes, puedes pedir a alguien que te ayude o te enseñe.
  • Empezar el día por lo que más te cuesta, te servirá de ayuda y de hábito positivo. Haz primero lo que te resulte más incómodo, difícil o pesado y verás que el resto del día te parecerá mucho mejor. Te sentirás más contenta, aliviada, de habértelo quitado de encima. Te darás cuenta de que no era tan «difícil».
  • Trabaja tus hábitos: Empezar por lo difícil es uno,  tener orden usando una agenda es otro. La disciplina es sin duda la fortaleza del trabajo, aplícate. la meditación te ayudará a tener disciplina.
  • Evita las distracciones: CÉNTRATE. Cuántas mas tentaciones tengas de hacer otras cosas en lugar de los que tienes que hacer más fácil es procrastinar.
  • Cuando te encuentres con la tentación PARA, frena, relájate un momento, y luego escribe y contesta las siguientes preguntas: ¿Qué consecuencias tendrá el no hacerlo ahora?¿Qué razones hay para que me incomode llevarlo acabo? Si trabajas sobre esto hallarás las respuestas y también la causa.
  • Tienes que ser tanto agradecida, como saber premiarte. Las recompensas son para cuando consigues lo que quiere. Te acostumbrarás a hacer lo que menos te gusta, ya que hay premio al final. Esto es como «el palo con la zanahoria», que te hace caminar.

Nosotros funcionamos de forma similar, con recompensas mejor.

Busca algo que no sea una golosina, mejor algo diferente. Cómprate algún pequeño capricho, sencillo, que te haga ilusión, o bien quedar con una amiga, dar un paseo con tu pareja. Algo que te compense de forma positiva y especial.

Todo esto te ayudará a no posponer.

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Te mereces un premio

 

¡Cuídate, cuidando las palabras!

Cómo usas las palabras, determina  actitudes, creencias y tendencias.

El otro día hablaba con una amiga de cómo hablamos en el día a día. Sin darnos cuenta, nuestro vocabulario se llena de palabras que muchas veces son poco coherentes con actitudes positivas o pueden confundir.

Le decía que es muy importante que escuches cómo te hablas a ti y como hablas a los demás, porque nuestra mente inconsciente es la que se queda con el “siempre me sale mal” (mejor utilizar, a veces) o con el “esto es un gran problema” (usa reto, oportunidad). Me gusta este vestido pero (cámbialo por la y) la camisa también, con el pero excluyes la primera frase con la y  la incluyes.

Lo más importante de todo es que: “la única manera de cambiar, en cambiándote a ti mismo.

Todo lo que hay fuera de ti, es como tú lo percibes: Como tú ves las cosas, es como las haces.

“Esto no me va a salir bien”, seguro que no sale o dejas de intentarlo puesto que ya te pones en lo peor. Es mejor decir: “voy a hacerlo” que es darse opción a que salga como sea. Esto es lo que se llama ser “CAUSA” o ser “EFECTO”. Te lo diré con una frase “es mejor, hacer que lamentar” Por ejemplo: Si haces algo, puede salir bien, muy bien y estar contenta, o menos bien, a medias o mal. En cualquier caso todas son opciones.

Lo bueno es que puedes volver a intentarlo cuantas veces  quieras hasta que sea satisfactorio. En cambio si ya dices que no te va a salir bien, ya lo cierras directamente, tu cabeza está interpretando que no es posible. La idea es tener opciones, mejor que no tenerlas. Además ¿Quién te ha dicho y asegurado al 100% que no te va a salir bien?

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Las palabras tienen mucha fuerza y a veces no nos damos cuenta de cómo hablamos a los demás. Por ejemplo, tu hijo tira algo que está en la mesa sin darse cuenta porque está jugando. Tú vas y le gritas nerviosa: ¿qué te pasa, eres tonto o qué?

No te das cuenta de que tu hijo escucha,  te oye decirle que tú crees que él es tonto. Si se lo dices continuamente acabara por créeselo.

El, no es tonto, puede estar en ese momento distraído, nada más. Es más sencillo decirle sin gritar: Ten un poco de cuidado o no pasa nada, puedes jugar allí que tienes más espacio.

Otra cosa es cuando nos hablamos a nosotros mismos, cómo nos tratamos algunas veces.

Por ejemplo: nos equivocamos o no acertamos o se nos cae algo y nos oímos decirnos: ¡Es que no puedes hacer nada bien!

¡Olé, es como si nos hubiéramos  dado con una piedra sobre nuestra propia cabeza!

Nos acabamos de decir a nosotros mismos “que no somos capaces de hacer nada bien” y seguimos con lo que estábamos haciendo, tan panchos.

¡No nos damos cuenta de que nos estamos creando una limitación, que nos estamos auto saboteando! Hay que quererse más y cuidarse uno más. Si se te cae,  se te cae y no pasa nada, no por eso hemos de creer, ni decir, que no sabemos hacer las cosas.

 

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Es como cuando le dices a tu hija: No hagas esto por favor, te he dicho que molesta.

Ella te contesta: ¡es que todo el mundo lo hace! ¿A que lo has oído montones de veces?

Fíjate bien, que palabras está usando: todo y mundo. ¿Tú crees que todo, todo y  todo el mundo, mundial con millones y millones de personas lo hace? ¿Quién es que lo hace? Cuantos lo hacen? ¿Y tú los has visto hacerlo a todos estos? ¡Va a ser que no!

En todo caso lo harán algunas  personas mal educadas, poco cívicas o que les gusta molestar. Hemos de reflexionar sobre las palabras que utilizamos ya que configuran nuestras creencias y ejercen realmente un impacto una influencia en nuestras acciones.

Las palabras forman el hilo con el que tejemos nuestras experiencias” nos escribió Aldous Huxley

 

Hemos de pensar lo que decimos, y decir de forma eficiente y positiva lo que pensamos y queremos expresar. Empecemos a darnos cuenta como hablamos a los demás y a nosotros mismos. ¿Cuáles son las palabras que usamos? Y ¿cómo las utilizamos?

Cuando hacemos una pregunta, estamos construyendo una frase. Un cambio de palabra puede cambiar toda la pregunta, incluso puede hacernos cambiar de sentimientos. Está claro que no es lo mismo ¿Qué has experimentado hoy? Que puede referirse a, que has hecho o que has aprendido. Que si dices ¿Qué has sentido hoy? Que te lleva más a sentimientos y emociones que a acciones.

Las herramientas básicas para representarnos las cosas son las palabras. Si no tenemos palabras posiblemente no tenemos una forma de pensar en la experiencia, a parte de las imágenes. De hecho hay una tribu en Filipinas que no tiene palabras para “disgusto”, “odio” o “guerra. ¡Resulta sensacional!

Esto me hace pensar que si utilizamos unas palabras en lugar de otras para expresar nuestros sentimientos, al cambiar de palabra consecuentemente cambiamos nuestro concepto y de ahí el sentimiento que nos produce. Por ejemplo si dices que te sientes malhumorado, como que suena a estar enfadado, que no estás para nada. Sin embargo si dices que te sientes con pocas ganas, seguro que tu humor no es tan malo y te sientes mejor.

 

 

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Prestando un poco de atención, aprendiendo a cambiarlas nosotros y enseñando a nuestro entorno podemos empezar a cambiar posibles creencias o hacer que nos sintamos diferentes.

¿Cómo sería si pudiéramos cambiar algunas palabras que generan emociones negativas por otras que tienen menos carga emocional y son más recursivas? ¿No sería mejor disminuir la intensidad de las emociones negativas para sentirnos mejor? Pregúntate ¿cuáles son los sentimientos negativos que suelo experimentar de forma más intensa?

Puedes cambiar las palabras para sentir ese cambio en tus sentimientos, probemos a ver qué sucede. Busca una palabra que puedas cambiar por ejemplo: encrespado o irritado por molesto; incómodo en lugar de doloroso, me siento sin recursos en lugar de me siento estúpido, un poco preocupado a cambio de ansioso.

Lo mismo podemos hacer con las palabras más recursivas, cosa que ya hacemos muchas veces cuando utilizamos, decimos estoy como un turbo en lugar de decir estoy enérgica o bien me siento estupenda cuando quiero decir exuberante. Subimos o bajamos la intensidad.

¿Cómo puede cambiar nuestra vida si escogemos las palabras que son menos negativas y más potenciadoras?

Busca palabras que utilices y cambiarlas por otras menos duras, veras el efecto. Puedes incluso crear una lista con esas palabas y otra con algunas mas porenciadoras.

Cuando te sientas mal busca tu lista y cambia de palabra y date cuanta de que es lo que sientes con el cambio. Si te acostumbras verás que es divertido y que mejorarás tu actitud.

 

Cristina Galofre


¡Permítete soñar!Deslizate suavemente en los sueños.

¡Empieza a soñar, da forma a tu sueño, a tus deseos!

Los deseos que tienes, cuando son algo que tu realmente quieres conseguir y son lo que más anhelas, lo primero que tienes que  hacer para alcanzarlos es soñarlos.

Puedes soñar con los ojos cerrados e incluso abiertos. Sólo tienes que ponerte y empezar. Imagina cada parte, poco a poco y ve pintando, coloreando, dando forma a todo detalle de tu sueño. ¡Soñar es estupendo!

Hazlo viendo todos los colores, experimentando los olores. Si, ponle los olores que necesita, que a ti te envuelven y motivan. Sintiente en tu interior esa ilusión de la creación. Vive cada momento y cada detalle con pasión. Ponle la música que te parezca más optima, adecuada, añade todos los detalles que puedas.

Incluso puedes coger un papel lo más grande que te parezca y recortar de revistas, todo lo que quieras poner en tu sueño. Reúne todos los recortes y con ellos haz un “collage personalizado” con todo lo que quieres, deseas y te hace sentir que es lo que tú quieres alcanzar.

 

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¡Pon imágenes para soñar despierto!

Ese será tu sueño o tus metas y lo puedes poner en donde tú quieras para poder verlo en todo momento. De esta manera pondrás tu atención siempre en lo que necesites.

La parte del inconsciente que todos tenemos se dará cuenta de que es lo que deseas y va a empezar a buscar cómo hacer para obtenerlo.

Ahora que ya sabes lo que quieres y lo has soñado, visto, imaginado, sentido y oído. Ahora, lo segundo que has de hacer es enfocarte, concentrarte en ello.

Pregúntate: ¿Qué es exactamente lo que quiero?, ¿cómo lo quiero?, ¿cuándo lo quiero, ¿cómo lo quiero?¿para qué lo quiero?

Lo siguiente es preguntarte: ¿Qué voy a hacer para conseguirlo? Necesitas papel y lápiz para responder a todas las preguntas, escríbelo así podrás leerlo las veces que quieras. ¡Ya has sembrado la semilla, ahora empieza a cuidarla!

 

 

El paso que darás a continuación cuando hayas contestado a todas las preguntas de lo que deseas, como lo deseas, es trazar un plan. Donde, cuando, como, para que fecha, con qué o con quién contarás. Todos los detalles. Te recomiendo que lo pongas todo sobre papel, para poder verlo, leerlo e incluso modificarlo si hace falta.

Siguiente paso, el compromiso. Si, el compromiso que tienes contigo. Has de comprometerte contigo mismo, de que este es tu sueño y sé que lo vas a cumplir. También se lo contarás a alguien más para que sea algo real y pedirle que te ayude, que te recuerde ese compromiso.

 

 

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¡Ahora, a soñar ya!

¡Ahora ponte en marcha y se perseverante! Lo que no implica que creas que tiene que ser complicado, imposible, o difícil. Debes creer que si otros lo han logrado, tú puedes hacerlo. ¡Lo más importante es que tú creas, que tú puedes hacerlo!

Leí hace ya mucho tiempo una frase que dice: “lo difícil se hace enseguida, lo imposible tarda un poco más”. ¡Toma nota y persevera, no abandones! ¡Permítete soñar!

El próximo paso, es que no dejes que nadie te aparte de tu idea, sea lo que sea, no permitas que los demás te quiten la ilusión y el empeño. ¡Es tu idea, no la de los demás!

Con esto no quiero decir que si no has escalado nunca, quieras ir al Everest y tienes 70 años. ¡Que conste que hay personas que han logrado hacerlo, habiendo entrenado y escalado durante muchos años, y siendo mayores!¡Permítete soñar!

Lo que te explico es que puedes llegar a la falda del Everest e incluso subir algún tramo, que si es tu sueño, y eso ya sería lograrlo. Es como que te pregunten: ¿qué quiere usted ganar? Si contestas 200€, lo más probable es que te quedes en 175€ o 150€. ¡Si dices 150€ seguro que te quedas con menos!

El siguiente paso, es que evites que las dudas, los miedos, el yo no sé…, no puedo…que te impiden hacer las cosas. Toma esas ideas que te sabotean y apártalas suavemente de tu pensamiento, vuélvete a enfocar y acuérdate de pedir apoyo. Busca soluciones, otros caminos.

Hay una frase que dijo Thomas Edison:”Si todos hiciéramos lo que somos capaces de hacer, nos quedaríamos sorprendidos de nosotros mismos”. ¡Sorpréndete y ponte en marcha! No te quedes con lo fácil, con lo cómodo.